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Inventario realizado con el apoyo financiero de la Comarca del Jiloca.

 

 

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INTRODUCCIÓN

Los inventarios de patrimonio cultural, sobre todo en lo que afecta a los bienes inmuebles, han estado siempre muy condicionados por el momento histórico en el que se realizaron (con unas inquietudes sociales y metodologías muy determinantes) y por los objetivos que persiguieron, influenciados en gran parte por la formación de los autores de los inventarios.

A lo largo del siglo XX se realizaron varios inventarios que recogieron, en mayor o menor grado, la relación de los bienes inmuebles (arqueológicos, arquitectónicos, etnológicos, etc.) de la actual comarca del Jiloca:

-Inventario Artístico de Teruel y su provincia, elaborado por Santiago Sebastián, con la colaboración de otros historiadores del Arte como Gonzalo Borrás, Antonio Alonso Fernández y Javier Cañada. Fue publicado por el Ministerio de Educación y Ciencia en 1974. Se centra sobre todo en el patrimonio arquitectónico eclesiástico (incluyendo muy pocos elementos civiles), realizando fichas muy sintéticas de los edificios religiosos y, en determinados casos, de los retablos que contienen. A pesar de ser uno de los primeros inventarios, destaca sobre todo por su interés en difundir, revalorizar y popularizar el patrimonio artístico de esta provincia aragonesa.

- Carta arqueológica de España. Teruel. Fue realizada bajo el impulso del Servicio Arqueológico Provincial de la Diputación de Teruel y publicada en 1980. Se incluyen las descripciones de los yacimientos de la provincia, junto con todas las noticias conocidas referentes a hallazgos arqueológicos. La metodología seguida se identifica perfectamente con los objetivos definidos por los propios autores, muy académicos, destinados a un público minoritario: Permitir mayor precisión en los estudios de poblamiento antiguo y difundir los elementos culturales descubiertos.

-Patrimonio Histórico de Aragón. Inventario Arquitectónico de Aragón. Teruel, elaborado por Félix Benito Martín y publicado por la Diputación General de Aragón en 1991. Esta obra, inexcusable referencia para el estudio de la arquitectura turolense, aporta muy pocas novedades en cuanto al inventario de 1974 de Santiago Sebastián en lo que respecta a edificios religiosos, pero es de suma importancia por la inclusión de los principales edificios de carácter civil. Sus objetivos son ante todo proteccionistas, intentando elaborar una amplia relación de aquellos bienes arquitectónicos que el Gobierno de Aragón (promotor del proyecto) debería considerar como bienes inventariados.

-Patrimonio Histórico de Aragón. Inventario Arqueológico. Calamocha, dirigido por Francisco Burillo Mozota y editado por la Diputación General de Aragón en 1991. Esta obra supone una renovación de la anterior carta arqueológica, aportando una extensa relación de yacimientos arqueológicos de la comarca del Jiloca, enmarcándose, al igual que el inventario de Félix Benito, en unos objetivos claramente proteccionistas.

Vistos estos precedentes, se aprecia cómo uno de los inconvenientes de todos los inventarios realizados hasta la fecha era su falta de vinculación con el medio geográfico y humano que describían. Se limitaban a aportar amplias relaciones de bienes, descritos con una metodología preelaborada para un amplio territorio, muy académica y minoritaria, seleccionando los elementos en función de los propios intereses de los autores de cada proyecto y enfocados a su difusión en círculos también minoritarios, sobre todo entre los funcionarios de la Consejería de Cultura del Gobierno de Aragón, de los Servicios Provinciales y entre los profesionales del arte, la arqueología y algún erudito local.

En el caso del valle del Jiloca comprobamos como este despego del territorio que mostraban todos los inventarios les privaba de una gran parte de su valor, pues al no conseguir difundir su contenido entre los propios vecinos e interesados directos, apenas habían servido para revalorizar el patrimonio y mucho menos para conservarlo. Varios de los elementos inventariados desaparecieron en las décadas siguientes sin que sus propietarios ni ninguna administración, autonómica, provincial o local, hiciera nada para impedirlo.

A partir del año 2002, con la consolidación de la nueva administración comarcal en Aragón, empezó a cambiar el panorama. Las nuevas comarcas asumieron competencias sobre el patrimonio cultural de sus respectivos territorios, y muchas de ellas vieron conveniente iniciar una serie de intervenciones destinadas, no tanto al inventario de su patrimonio (en gran parte catalogado por los inventarios mencionados), como a su posible gestión y conservación, involucrando a todos los estratos sociales, empezando por los propietarios de los bienes y por las administraciones locales, muy ignoradas hasta el momento.

Entre los años 2002 y 2004 el Centro de Estudios del Jiloca publicó Los peirones en las comarcas del Jiloca y Daroca y Los palomares en el sur de Aragón, escritos respectivamente por Rafael Margalé y Mercedes Souto. Los objetivos en estos libros, a pesar de tener un aspecto de inventario, cambiaron completamente, intentando recoger un tipo de arquitectura popular ignorada en las anteriores publicaciones, a pesar de constituir todo un símbolo de identidad local. También se buscó la revalorización entre los propios habitantes del territorio de esta peculiar arquitectura, acompañándola de exposiciones itinerantes que visitaron los pueblos y las escuelas, aportando algunas recomendaciones para su protección y conservación.

Estos libros sirvieron de base para que, en los años 2003-2004, gracias a unas subvenciones del Instituto Aragonés de Empleo, se iniciara la creación de una gran base de datos documental en la que recoger todo el patrimonio cultural del valle del Jiloca. En 2005 fue la propia Comarca del Jiloca, a través de su consejero de Patrimonio, quién mostró gran interés por el proyecto, colaborando en la ampliación de toda la información existente sobre Fuentes, Lavaderos y Abrevaderos de la comarca, con el objetivo de iniciar posteriormente una serie de intervenciones para fomentar la conservación de estos elementos.

Inventario, gestión y conservación. Los nuevos entes comarcales han tenido muy claro desde el principio que los antiguos inventarios carecen de valor si no van acompañados de unas nuevas formas de gestión e intervención en el patrimonio. La sociedad aragonesa en su conjunto parece que también camina en este sentido, surgiendo por toda la comunidad autónoma numerosos planes de gestión, fundaciones, parques culturales, proyectos o programas de ámbito comarcal cuyo principal objetivo es la gestión y conservación del patrimonio cultural.

Los entes comarcales y todas estas nuevas instituciones también han apreciado que el patrimonio a conservar no se puede limitar a aquellos elementos considerados “artísticos” o “arqueológicos” desde los sectores académicos y universitarios, sino que hay que ampliar el campo de intervención a otros elementos, quizás con menor valor estético o histórico, pero mucho más cercanos a la propia identidad rural de los vecinos que viven sobre el territorio. Para conservar el patrimonio hay que crear identidad, y esta se consigue acercándose lo máximo posible a los gustos estéticos y a los sentimientos locales de los propietarios y vecinos.

En el año 2006 la Comarca del Jiloca y el Centro de Estudios del Jiloca firmaron un convenio de colaboración para elaborar un inventario de aquellos bienes inmuebles de interés artístico, histórico y etnológico, incluyendo todos los pequeños edificios o instalaciones que pudieran ser representativos para definir la identidad local de cada uno de los pueblos de la comarca.

De acuerdo con la propuesta de la comarca y de las nuevas tendencias surgidas en Aragón, no se pretende limitar el proyecto a tener una gran Base de Datos con un Sistema de Información Geográfica que incluya todos los elementos considerados de interés comarcal. Se intentará poner toda la información al servicio del desarrollo de nuestra comarca, para conseguir no solo que se de a conocer, amplíe, investigue, y conserve de alguna forma el patrimonio que nos rodea, sino que sobre todo tengamos conciencia de que en realidad el patrimonio cultural es el elemento que más nos identifica con nuestra propia tierra, y que con su perdida seguramente desaparecía una parte importante de nosotros mismos.
 
 
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