En el año 2005 el Centro de
Estudios del Jiloca inició un ambicioso proyecto, en parte
ingenuo como nos ha demostrado el tiempo, con el que pretendía
obtener un completo inventario de los Fondos Históricos de la
comarca del Jiloca, con el objetivo final de fomentar su
conservación (se cuida lo que se conoce y valora) y poner la
información al servicio de los historiadores y amantes de
nuestro pasado.
Fue
imprescindible definir una metodología descriptiva flexible que
permitiera acercarnos a todos los fondos documentales, sin
distinción, aprovechando en los catalogados toda la información
existente, y limitándonos, en los otros archivos más
abandonados, a los pocos datos que se pudieran de una rápida
visualización empírica.
A medida
que se avanzaba en el proyecto, comprobamos como la catalogación
no era el problema más acuciante de los fondos de la comarca del
Jiloca. Muchos de ellos se encontraban en una situación
deprimente, muy próximos a su destrucción física. Otros muchos
se encontraban fraccionados y depositados en dos o más archivos
físicos.
Adaptándonos a la realidad, las prioridades cambiaron
completamente. Consideramos que la descripción de los depósitos
donde estaban guardados los fondos, el archivo físico en si
mismo, y las recomendaciones y argumentaciones que pudieramos
aportar a las instituciones públicas para mejorar su
conservación eran mucho más importantes, dada la situación
actual, que la catalogación de los mismos. De poco servía tener
unos pocos fondos descritos si, mientras tanto, desaparecían
otros. Lo primero era la conservación de toda la documentación y
después, con tiempo y financiación, iniciar otras tareas más
técnicas.
Además, de
muy poco servía catalogar un fondo cuando este se encuentra
fragmentado, distribuidos en varios archivos y, asimismo,
desconocemos esta situación. El mayor peligro para un fondo, y
en esto coinciden todos los estudiosos, es la fragmentación y
parcelación de su documentación. De tener las series completas,
lo que permite analizar su evolución histórica, se pasa a una
documentación fragmentaria que solo sirve para describir meras
anécdotas dentro del devenir histórico. Ahora bien, si conocemos
la evolución de este fondo y, a pesar de hallarse fragmentado,
conocemos los diferentes depósitos que lo guardan, se pueden
reconstruir las series, devolviendo al fondo nuevamente todo su
valor como documento histórico.
Ante esta
situación, se decidió que no solo había que describir los fondos
individualmente, descendiendo en los diferentes niveles en
función del conocimiento que se poseía, sino que también había
que resaltar su estado de conservación, si estaban fragmentados
o no, y, en caso afirmativo, averiguar donde se localizaba el
resto de la documentación.
De un
planteamiento puramente descriptivo se evolucionó a otro tipo de
proyecto, en donde la investigación archivística e histórica
comenzaba a tener mayor protagonismo. Se obtuvieron datos sobre
los depósitos documentales, se indagó sobre la historia de estos
depósitos y sus mudanzas, y se intentó comprobar si, en algún
momento histórico, habían sido fragmentados y trasladados a
otros lugares. Para ello, a los niveles clásicos de la
descripción documental, añadimos dos más, el Archivo físico y
los Productores, situándolos en dos esferas paralelas (y no
menos importantes) a la descripción:
- Los
archivos que nos interesan, utilizando una descripción clásica,
serían los depósitos de documentación gestionados por
particulares, instituciones o administraciones públicas que
conservan, por ser los productores o por transferencia, fondos
generados en alguna de las localidades de la actual comarca del
Jiloca, conservados para servir como testimonio e información
para la persona o institución que los produce, para los
ciudadanos o para servir como fuentes de historia.
- Los
productores de documentación objeto de estudio, siguiendo con el
mismo planteamiento, serían las personas, asociaciones,
instituciones o administraciones públicas que tienen o tenían su
sede social en la actual comarca del Jiloca y que generaron en
el transcurso de su gestión un conjunto de documentos para su
aprovechamiento interno, la mayor parte como justificante de sus
actuaciones o, en otros casos, como fondo informativo.
Los
objetivos se ampliaban: el fondo documental como base de la
descripción archivística, el Archivo como institución donde esta
guardado ese fondo y los Productores como unidad originaria de
la creación del fondo. A través de estos tres parámetros la
descripción se complicaba, pues un Archivo podía tener varios
fondos de productores diferentes, mientras que un productor, a
pesar de todas las recomendaciones archivísticas realizadas por
activa o pasivamente a lo largo de las últimas décadas, podía
tener varios fondos fragmentados, guardados actualmente en
varios archivos.
El resultado final, que se muestra en las páginas
web del Centro de Estudios, ha sido una exhaustivo inventario de
todos los particulares, instituciones y organismos que han
generado documentación, indicando el lugar donde se guarda esos
fondos y las fechas límites. Se han ordenado por localidades
para facilitar su consulta.